lunes, 8 de octubre de 2018

Resumen del libro "Contra todo esto", de Manuel Rivas (2018)

Resumen del libro "Contra todo esto", de Manuel Rivas (2018)

Resumen original y actualizado:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/10/contra-todo-esto-de-manuel-rivas-2018.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Sociología y Derecho

Sociología, globalización, mercantilización, capitalismo

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Título: "Contra todo esto"

Subtítulo: "Un manifiesto rebelde"

Autor: Manuel Rivas

Edición en español: Alfaguara (Penguin Random House GE), Barcelona, 2018

Páginas: 279

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Biografía oficial del autor (hasta el 2018)

Manuel Rivas nació en A Coruña. Sus reportajes y artículos periodísticos están reunidos en El periodismo es un cuento, Mujer en el baño y A cuerpo abierto. Una muestra de su poesía está recogida en la antología El pueblo en la noche y en La desaparición de la nieve. Como narrador, obtuvo, entre otros, el Premio de la Crítica española por Un millón de vacas, el premio de la Crítica en gallego por En salvaje compañía, el Premio Nacional de Narrativa por ¿Qué me quieres amor?, el Premio de la Crítica española por El lápiz el carpintero, y el Premio Nacional de la Crítica en gallego por Los libros arden mal, considerada como una de las grandes obras de la literatura gallega.

Sus cuentos están reunidos en el volumen Lo más extraño. Sus últimos libros publicados son las novelas Todo es silencio, finalista del premio Dashiell Hammet de novela negra y llevada al cine por José Luis Cuerda, y El último de Terranova; la narración autobiográfica Las voces bajas; el libro de viaje a la India Vicente FerrerRumbo a las estrellas, con dificultades; el libro de poemas A boca da 
terra (La boca de la tierra) y Contra todo esto. Un manifiesto rebelde.

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Texto de la contraportada

"Todo Esto es descivilización. Todo Esto es retroceso y rearme, producción de miedo para poner en cuarentena derechos y libertades, la sustracción de la democracia, producción de grietas de desigualdad, desmantelamiento de los espacios comunes, producción del odio hacia el otro, el diferente, machismo como sistema, guerra contra la naturaleza y la caza de los ecologistas, domesticación intelectual, indiferencia y cinismo, paraísos fiscales, corrupción sistémica, una mezcla de la economía gris y la criminal, creciente mercantilización y burocratización de la enseñanza, desmemoria o, peor aún, contramemoria.

En la Oficina de Todo Esto, un concierto de manos muy visibles, hábiles en lo suyo como "croupiers" en el casino de Todo Esto, componen la gran mano invisible que mueve los hilos y toca teclas para mantener Todo Esto.

Siento vergüenza. La vergüenza te ayuda a ver. No es un desenlace, es el principio. La vergüenza abre paso a la esperanza. La esperanza no se espera. Hay que arrancársela de los brazos al conformismo".

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ÍNDICE

Un manifiesto rebelde

La España del capitalismo mágico

La Generación Perdida y la Generación Delincuente

Nadando en la abundancia

"¿A quién hay que chupársla?"

Quevedo y la ley Mordaza

Lo urgente es esperar


¡Viva el periodismo, cabrnes!

El periodismo espectral

Locos por el periodismo debajo del brazo

Salvar la cara, salva el cul

Cuando los sapos tienen razón

La boca peligrosa de besar


¡Qué futuro dejaremos a nuestros antepasados!

¿No estáis hartos de la "memoria histórica"?

El futuro de los antepasados

Con Antígona, en México

La tradición de la antitradición

¿Por qué España?

La "saudade" republicana y el "boomerang" monárquico


Disculpen las molestias, nos están matando

"No es dócil al imperio de mi voz"

Las voces rotas

Órdenes de no movernos

La "insolente marimacho"

Rosalía de Castro y la revolución queer

Un país de hechiceras


Sangre debajo de las multiplicaciones

La espada de Damocles

La otra Operación Triunfo

La cajera

Debajo de las multiplicaciones

Alas de pollo

Albert Camus y el bombero de Bilbao

Los tatuajes de la madre

Nanna y el mar

No apagaré la luz


Yo no quiero tener un enemigo

Homenaje a Catalunya

El cine y el cementerio

Contar votos y no enemigos

Salir del pozo


El lugar de los porqués

La conspiración de los huérfanos

Los rompedores de huevos

El arte de fracasar mejor

Los niños de los móviles

¡Es la cultura, tonto!

Nosotros no somos racistas

¡Ven a disparar con nosotros!

Nadie quiere ser turista

El funeral del robot

El robot de Faulkner 


Cuando los animales hablan

El Congreso y los animales

Tauromaquia para niños

Sopa de aleta de tiburón

El Mago Enloquecido

La ballena insurgente


La literatura escrita en la orilla

El secreto del Quijote

Con Borges, en la orilla

Cuando la atmósfera tiembla

El acuerdo secreto entre generaciones

Los poetas mueren en la orilla

Leer entre vidas, escribir entre líneas


Hierbas de ciego

Hierbas de ciego

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RESUMEN

Manuel Rivas junta en su libro cientos de reflexiones, pequeñas narraciones o cuentos sobre la vida diaria durante la crisis y las consecuencias para los ciudadanos más humildes para revelar la miseria de los políticos en el poder en los años tan duros y las injusticias con los más débiles. También hace referencia a políticas o debates parlamentarios de los que trasluce una gran injusticia. Generalmente coge noticias del periódico o la televisión y les da un repaso, buscando el lado paradójico o irónico de la situación.

En el primer capítulo, explica que "Todo Esto", contra lo que escribe, es:

Canallocracia. Rapiña y corrupción. Cambió el régimen pero el hampa siguió y generó una democracia corroída donde los corruptos se pagan campañas de imagen.

Descivilización . Se refiere a la caída de Berlín, el fracaso del herrumboso y totalitario imperio soviético, el triunfal neoliberalismo, la Globalización feliz y el fin de la Historia de Fukuyama, un régimen mundial de la distopía donde los pobres son tratados como culpables por su pobreza, los emigrantes estigmatizados como potenciales delincuentes y los refugiados como peligros. Asoma un nuevo supremacismo, no tan nuevo, y una derecha alternativa, no tan alternativa pero sí jactanciosa.

Retroceso y rearme. Explica que la cooperación internacional y la ayuda humanitaria se reducen o congelan como ideales obsoletos, se recortan los fondos sociales, se degrada la sanidad pública y se privatiza el cuidado de la salud, se desvalijan los sistemas de pensiones a la vejez, aumenta la pobreza infantil. Por contra, el "régimen mundial de la distopía" ha redescubierto un gran yacimiento catastrófico: la carrera armamentística. Califica al complejo militar-industrial como un poder fuera de control (Einsehower).

Producción de miedo para poner en cuarentena derechos y libertades. Ve un vaciado democrático con leyes y tribunales excepcionales que acaban ocupando la normalidad. Dice que la avería de un Estado de derecho más gravosa y fraudulenta es contraponer seguridad y libertad. Añade que en España hay que ser prudentes para no ejercer las libertades (de palabra, de conciencia y la libertad de no ponerlas en práctica) por miedo a la Ley Mordaza.

Sustracción de la democracia. La democracia resuelve conflictos contando con la gente pero, dice el autor, ahora se está prodigando el reflejo intimidatorio. Se protege la libertad... de quienes quieren ejercerla (totalitarismo orweliano).

- Producción de grietas de desigualdad. Bombardeo para romper la solidaridad, ese puente entre yo y nosotros, la ayuda mutua. En lo que llama el "Estado de la Vergüenza" ve élites despilfarradoras, desigualdad social, desigualdad de géneros, entre países, entre generaciones, segregación escolar, creación de guetos (germen principal de distopía).

Desmantelamiento de espacios comunes. Ve una angustia, una corrosión de lo comunitario, de la transmisión entre generaciones, de vínculos solidarios como los sindicatos de base, asociaciones vecinales, ecologistas, culturales, escuelas de ayuda mutua y democracia. Añade que la historia no puede juzgarse si se la despoja de la rebeldía ante la injusticia. Hay una división entre personas humanas y no humanas. Se atacan las iniciativas "okupa", Cada vez que nace algo nuevo salen jaulas detrás, dice el autor.

Producción de odio hacia el otro. Dice que el odio es acumulutativo: racista y clasista. El mismo que desprecia a un extranjero pobre adula a un rico del mismo origen.

Machismo como sistema. Es un sistema de dominación permanente, una jerarquía de extensión universal, común a todas las sociedades, modos de producción, grandes religiones.

Doble explotación de la mujer, como clase y subclase universal. Más precariedad en lo precario. Más temporales los contratos temporales. Más bajas pensiones. El techo de cristal. El trabajo gratuito de cuidadoras de ancianos, enfermos y dependientes. Doctoradas que cobran como becarias.

Inquisición contra la mujer. Hacen un control dogmático de su vida pero no pueden ser sacerdotisas. Mujeres demonizadas por hechiceras. Si toma la iniciativa, es represaliada.

Guerra contra la mujer. El sistema machista somete a la mujer, si hace falta con violencia. Feminicidios, trata sexual. Dice que hay un "histerismo masculino" que impulsa los mecanismos de poder, dominio académico cultural y belicista.

Guerra contra la naturaleza. Al expolio sistemático, lo denominan "cambio climático" o "calentamiento global". Amenaza incipiente que afectará a generaciones futuras. Lo ve como una hipocresía de carácter criminal porque pretende desregular la protección,  bloquear y el sabotear los acuerdos internacionales y dar rienda suelta a la depredación del capitalismo incipiente.

Domesticación intelectual. Los intelectuales son una especie extinguida de dinosaurios ilustrados. Los que se rescatan, es para solemnizar la opinión oficial o dar sensación de "unanimidad". Hay un tipo de tertuliano influyente que opina pero que no está comprometido ni critica al poder. El silencio legitima al Estado de la Vergüenza.

-Indiferencia y cinismo. Dice que en el periodismo, el problema no es la desobediencia sino la obediencia. Es un oficio tomado por el cinismo. La crisis del periodismo se ha acentuado por los fanáticos del "solucionismo tecnológico" de las redes sociales, máquinas donde el cliente es la mercancía. Recuerda a Lois Pereiro y su frase: "La indiferencia mata". Cree que el periodismo no va a morir porque solo necesita "más periodismo".

Amputación de la cabeza. Critica los recortes en investigación en España.

También añade que Todo Esto es: paraísos fiscales, propagación del uso de la Lawfare (guerra jurídica) por parte de los poderosos, sustracción de la cultura como hábitat de la libertad, antieuropeísmo reaccionario, puertas giratorias de la Oficina de Todo Esto, abaratamiento humano en la era de la robotización, creciente mercantilización y burocratización de la enseñanza, tradición basada en pompas, desmemoria o contramemoria,

Le siguen varios capítulos donde reflexiona con humor tristón del riesgo de hacer periodismo en México, de la memoria histórica, del techo de cristal, de la educación, y otros temas de actualidad.

En uno de los capítulos cuenta escenas graciosas como la de dos políticos en un día de calor que aprovecharon para darse un baño sin ropa y los sorprendieron los "paparazzis". Mientras uno se tapaba sus partes, el otro le gritaba: "La cara, Manolo, la cara".

En los capítulos finales sopesa la cultura de los toros. Rivas comenta lo irónico de que el Parlamento haya declarado solemnemente que los animales son seres vivos y no cosas [nota del lector: es lo que dice la tradición jurídica desde el Derecho Romano]. El autor dice que hay leyes sacralizadas que se mantienen vigentes por ignorancia o interés. O se disfraza esa brutalidad con florituras culturales apelando a la tradición (dice Rivas que las únicas tradiciones que vale la pena son las risas del Carnaval por ser transguesoras que nos liberan de la jaula del conformismo). Rivas recuerda que el libro "Sapiens", de Harari, sacó a la luz la "inmensa desgracia" que el humano a causado a los animales. Añade que algunos replican con el "test de la ballena": ¿Por qué te preocupas de las ballenas cuando tantos hombres sufren?. Finalmente, el autor recuerda que Giner de los Ríos publicó en 1874 "El alma de los animales" y recuerda que el Premio Nacional de Tauromaquia vale 30.000 euros (10.000 más que el Premio Nacional de Filosofía y Literatura).

Otra noticia que comenta es la de un pueblo de Murcia que da cursillos prácticos de tauromaquia y que retransmite la televisión. Rivas dice si los niños serán adiestrados en el "arte de matar" (la "fiesta"). Luego señala que el Tribunal Constitucional declaró como "Bien de Interés Cultural" las corridas de toros a pesar de que mucha gente lo considera un espectáculo "anacrónico y cruel". Critica que las televisiones públicas le den cancha al "perfomance" de la tauramaquia para niños pero no a la ciencia, teatro, danza, pintura, por lo que ve detrás una "ideología de Estado".

También estudia la caza de tiburón para cortarle las aletas, lo que ha generado, dice el autor, una matanza similar a la del bisonte americano (una producción industrial de la muerte, la lengua del bisonte era una "delicatessen" en los restaurantes del Este, hasta que tuvieron que protegerlos por ley). En este caso, el tiburón es un depredador pero los que se lucran con el comercio de las aletas son "tiburones humanos" codiciosos. Pero Rivas dice que no solo "somos los que comemos" sino lo que "no comemos". Las tribus indias murieron de hambre por la caza del bisonte y en Cabo Verde, ruta de la cacería del tiburón, "viven del hambre".

En otro capítulo, retoma con humor la frase del presidente Rajoy sobre el Cambio Climático: "Yo sé poco de este asunto, pero mi primo supongo que sabrá". Y el primo le dijo que diez científicos que invitó a un congreso nadie garantizaba el tiempo que haría al día siguiente en Sevilla, ¿cómo acertar para dentro de 300 años? Rivas lamenta que España se aleja otra vez de la Ciencia y que "perdió en los últimos años su condición de referencia mundial de la investigación e implantación de energías renovables". Y elogia el sentido común del Papa ecologista que anima a luchar contra el cambio climático.

Rivas dedica otro capítulo a "Mobi Dick", la novela fronteriza de 1851 que narra la locura de un capitán obsesinado por cazar a una ballena blanca. Rivas dice que Melville era un escritor "piel roja" que solo fue reconocido póstumamente. La caza de Moby Dick fue la última artesanal, luego llegó la gran depredación industrializada.

En la misma línea sobre la relación entre los animales y el hombre, Rivas aborda la figura de Quijote y Sancho Panza con Rocinante. Además, cuenta que Quijote y Sancho se reconocieron mutuamente en el campo de la verdad. Y Sancho Panzo fue de los pocos que lloró al morir el Caballero Andante, lo que demuestra un amor desinteresado.

También se pregunta si grandes autores como Carpentier, Borges, Lezama Lima podrían salvarse de la sentencia implacable del mercado si propusieran hoy en día su primera obra editorial.

Sobre Saramago, recuerda esa frase moribundo: "Que no me hablen de la muerte porque ya la conozco". Añade que el "efecto Saramago" consiste en que "al abrir Memorial del Convento", "la atmósfera tiembla".

Otro capítulo lo dedica al poeta, editor, activista cultura y "percebeiro y almeiro" Francisco Souto Barreiro, de Malpica, fallecido en la mar, por una ola en un acantilado. Siempre se mojó, lo importante era no dar la espalda, dice Rivas, en homanaje.

Habla de Las uvas de la ira (Steinbeck), sobre un campamento de desposeídos por la crisis del 29 y la Gran Depresión.



(en preparación)



martes, 2 de octubre de 2018

Resumen del libro "Dinero oscuro", de Jane Mayer (2016)

Resumen del libro "Dinero oscuro", de Jane Mayer (2016)

Link original y actualizado del resumen:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/09/dinero-oscuro-de-jane-mayer-2016.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, financiación de partidos políticos, política, Estados Unidos,

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Título: "Dinero oscuro"

Subtítulo: "La historia oculta de los multimillonarios escondidos detrás del auge de la extrema derecha norteamericana"

Título original en inglés: "Dark money"

Autora: Jane Mayer, 2016

Edición en español: Debate (Penguin Random House Group International), Barcelona, 2018.

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Biografía de la autora Jane Mayer (hasta el 2018)

Jane Mayer es colaboradora de The New Yorker y autora de tres aclamadas obras de no ficción: Landslide, escrita junto con Doyle McManus; Strange Justice, en coautoría con Jill Abramson, y The Dark Side. Galardonada con numerosos premios periodísticos, Mayer ha sido finalista en varias ocasiones del National Book Award y del National Book Critics Circle Award. Actualmente vive en Washington DC.

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Texto de la contraportada

"En los años ochenta, liderados por los hermanos Koch y sin que nadie se percatara del impacto que tendrían sus actos en el futuro de la política nacional estadounidense, algunos multimillonarios empezaron a invertir cantidades exorbitantes en las campañas electorales del ala más radical del Partido Republicano. Actualmente, su triunfo no solo es evidente en el ámbito electoral: a través de la implantación y la financiación de toda una red afín compuesta por "think tanks", programas universitarios y medios de comunicación, este selecto grupo de ideólogos ha conseguido moldear las reglas del juego de la democracia estadounidense.

"En esta impactante y poderosa investigación periodística, Jane Mayer examina los orígenes, el auge y la dominación de una casta que, no conforme con disfrutar de uno de los tratos más privilegiados del planeta y acumular el porcentaje más elevado de la riqueza mundial generada, ha secuestrado la democracia estadounidense para sus propios fines con una sofisticación inaudita y altamente efectiva".

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ÍNDICE

Primera parte.  Militarizar la filantropía
La Guerra de las Ideas (1970-2008)

1. Radicales; una historia de la familia Koch

2. La mano escondida: Richard Mellon Scaife

3. Cabezas de playa: John M. Olin y los hermanos Bradley

4. El método Koch: la vorágine del libre mercado

5. Kochtopus: una máquina de libre mercado


Segunda parte. Operaciones encubiertas (2009-2010)

6. Fuerzas terrestres

7. La hora del té.

8. Los fósiles

9. El dinero habla: el largo camino a Citizens United

10. La golpiza: el debut del dinero oscuro en las intermedias, 2010


Tercera parte. Privatizando la política
Combate total, 2011-2014

11. El botín: saquear el Congreso

12. La madre de todas las guerras: el fracaso del 2012

13. Los estados: ganar terreno

14. Vendiendo a los nuevos Koch: un mejor plan de batalla

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RESUMEN

La autora sostiene que los industriales Koch promovieron políticas afines a sus intereses industriales (energías y combustibles fósiles) y que financiaron a aquellos políticos favorables a la desregulación de las leyes y promovieron el negacionismo del cambio climático pagando investigaciones en esa dirección. Los hermanos, anarcoliberales favorables a un Gobierno débil y total libertad empresarial, inicialmente participaron en las elecciones pero obtuvieron en los años 80 unos resultados ridículos. Por eso, cambiaron de estrategia y realizaron inmensas inversiones en sufragar institutos de opinión, investigaciones y a políticos que defendiesen esas políticas. La autora sostiene que sus inversiones multimillonarias en política fueron un éxito porque inocularon en el programa republicano ideas que defendían sus intereses energéticos e industriales (sobre todo la oposición a la leyes medioambientales).



Aunque no apostaron por Trump, que se convirtió en un guijarro en sus zapatos, lo felicitaron tras ganar las elecciones y varios de los protegidos de Koch pasaron a formar parte de su gobierno, de forma que Trump asumió algunas de las políticas de los Koch.

La autora relata cómo paso a paso los Koch montaron una gigantesca red política regada con miles de millones tras la victoria de Obama para expandir el ideario conservador. Lograron reunir miles de millones para cambiar la situación gracias a una nueva ley llamada Citizens United que permite donar cantidades ilimitadas de dinero a las asociaciones siempre que se dé a conocer el nombre del donante. Pero, según la autora, en el caso de los Koch, urdieron una red de asociaciones y institutos de investigación supuestamente independientes para regarlas de millones y propagar su ideario ultraconservador, pero siempre disimulando de dónde procedía el dinero, lo que equivaldría a incumplir la ley de transparencia. Solo una vez, la Administración llegó a dar con un donante muy ligado a los Koch, del que tuvieron que desembarazarse políticamente para no verse comprometidos.

Según la autora, los Koch y otros millonarios donantes pretenden hacer creer que en todo EE.UU. hay una revolución conservadora espontáneamente originada y promovida de las bases de la pirámide, de los institutos de investigación y de las asociaciones civiles o el Tea Party, pero, en realidad, dicho movimiento civil es un movimiento que parte desde arriba (un grupo de millonarios conservadores) hacia abajo y no de abajo hacia arriba. Lo escandaloso, dice la autora, es que un pequeño grupo de votantes usen su dinero para imponer sus políticas al resto. Dichas políticas se limitan a defender sus intereses, en concreto un recorte de impuestos para los más pudientes (a costa de recortar los gastos del Estado, preferentemente los gastos sociales y educativos), así como desregularizar las políticas medioambientales que afectan a las industrias. Es una defensa casi fanática del libre mercado que exige reducir el Estado a su mínima expresión (anarquismo de derechas). A partir de este concepto se crean numerosos institutos de investigación que promueven esta ideología.

Por tanto, la autora considera que la supuesta revolución conservadora que siguió a la victoria de Obama fue artificiosamente financiada por un grupo de magnates, amparados en la nueva legislación y en desgravaciones fiscales a las asociaciones sin afán de lucro y que tampoco son partidos políticos. Para ello, fue primordial un fallo del Supremo sobre el caso de Citizens United que autorizaba a donar cantidades ilimitadas de dinero a partidos políticos en aras de la libertad de expresión y para dar mayor transparencia. Pero la autora cree que es una lucha desigual porque un puñado de supermillonarios imponían su ideario al resto a través de canales de televisión como la Fox, que eran parte de su maquinaria.

La primera estrategia que siguieron obtuvo un éxito increíble: hicieron un mapa de EE.UU. y descubrieron que había estados en los que solo necesitaban cambiar un representante demócrata por otro republicano para cambiar la composición del Senado en dos años, y darle la mayoría a los republicanos. El éxito fue total. Estado a estado, la red oculta de los Koch financió con un reguero de millones a los candidatos conservadores, mediante la compra de anuncios y espacios publicitarios, y ataques agresivos o plagados de medias verdades o calumnias que desprestigiaban a sus oponentes demócratas, algunos de los cuales llevaban mucho tiempo en el poder y fueron desalojados tras perder las elecciones. Los propios conservadores sustituyeron a sus miembros más moderadores para poner a otros más agresivos. Cuando el equipo de Obama se dio cuenta de lo que estaba pasando, ya era muy tarde y no les dio tiempo a reaccionar.

Pasados dos años, la red de Koch logró revertir la composición de la cámara del Senado, que con mayoría conservadora se convirtió en un entorno hostil para Obama. Daba igual lo que intentase negociar el presidente, todo estaba mal: Obamacare, seguros a los pobres, presupuestos... porque se trataba de un ataque ideológico donde no cabían concesiones. Los nuevos senadores intentaron derrocar el Obamacare con feroces ataques y casi colapsan la Administración al negarle al presidente un acuerdo presupuestario. Finalmente, Obama tuvo que entrar en el juego e incluir en su discurso parte del programa regresivo republicano tras negociar con el sector más moderado. Los ultraconservadores celebraron como un triunfo que Obama tuviese que ponerse a la defensiva pero en el 2012 no consiguieron ganar las elecciones y fueron derrotados, por lo que Obama repitió mandato, aunque atado de pies y manos. En cuanto a las donaciones, los demócratas tampoco pudieron protestar porque supermillonarios como el financiero George Soros también estaba donando sumas fabulosas a los demócratas y creando sus propios institutos de investigación.

La autora hace referencia a los encuentros que hasta 400 millonarios ultraconservadores hicieron en un resort de California para recaudar fondos para echar a Obama y apoyar el renacer americano. Unos picaban a otros sobre los millones que iban a donar para la red de Koch y devolver el esplendor a la civilización occidental blanca.

Lo que la autora plantea en su libro es cómo dos millonarios sin haber sido nunca elegidos están imponiendo su ideario (lleno de intereses económicos) a 300 millones de norteamericanos que no los han votado simplemente porque tienen enormes fajos de billetes para gastar. La influencia ha sido tan enorme que han cambiado el mapa político en pocos años e introducido ideas reaccionarias como el negacionismo del cambio climático, el recorte de impuestos para los más ricos o la tacañería en la concesión de ayudas públicas a los más pobres. También se impusieron nuevos debates como el gasto público o el déficit público que ahora forman parte de la agenda de muchos países pero que, hace años, nadie le concedía tanta importancia. Hubo un obstruccionismo deliberado e ideológico contra las políticas progresistas (más ayuda social a los desfavorecidos) iniciada por Obama, quien ante el virulento ataque se vio obligado a negociar y entrar en el juego.

Por otra parte, la autora dice que el partido republicano se ha visto obligado a asumir las ideas y debate extremista del Tea Party y los captadores de donaciones, lo que molesta a gran parte de los republicanos moderados que anteponen el bien del país a su ideología. El resultado ha sido el obstruccionismo contra la Administración Obama, a la que no le dejaron ni respirar, sin darle la menor capacidad de negociar un buen trato para el país ni siquiera cuando este coincidía, en general, con los intereses de los republicanos. El presidente se encontró con una hostil resistencia.

A todo ello se sumó el cambio de discurso después de que la derecha perdiese las elecciones del 2012 y Obama renovase mandato. La derrota de su candidato obligó a la derecha a hacer durante meses una metódica reflexión sobre lo ocurrido pensando ya en las elecciones del 2016 para intentar recuperar el poder.

 Los sabios del partido republicano se dieron cuenta de que el discurso de la extrema derecha era impopular porque la gente los identificó con "los del dinero", esos desalmados sin corazón que deniegan ayudas a los pobres. En una de las charlas secretas, en la que alguien filtró unas grabaciones, se oía decir a  uno de los sabios a los donantes millonarios que él nació pobre pero ha trabajado mucho para llegar a dónde está y que cuando se encuentra a un pobre le deniega ayuda porque piensa que debe espabilar y buscarse un trabajo y esforzarse como hizo él. Un tercio de los votantes, los republicanos, piensan como él y no dudarían en culpar al pobre de su situación. Otro tercio, por contra, es demócrata y cree que se deben conceder todo tipo de ayudas y beneficios a los pobres. Ninguna de esas partes va a cambiar de opinión. Sin embargo, añadió, mucha gente de buena voluntad, ese tercio que está en el centro, duda si se deben conceder o no ayudas. Es ese caladero de votos a donde los republicanos dirigieron sus esfuerzos entre el 2012 y el 2016 para convencer a los electores. La palabra clave era "bienestar", convencer al país de que las políticas republicanas son buenas porque traen "bienestar". A los Koch les gustó el concepto y comenzaron a difundir esa consigna por su red de contactos.

El nuevo plan que los expertos en Marketing vendieron a los Koch consistió en defender la idea de que el programa de los extremistas de la derecha y los defensores fanáticos del libre mercado traen "bienestar", un estado de felicidad que todo el mundo quiere, para dar la sensación de que los políticos ultras republicanos también tienen empatía con los más desfavorecidos. Por ese motivo, los donantes millonarios aportaron sumas cuantiosas para crear numerosos institutos privados, generalmente adscritos a las universidades, para investigar el "bienestar", estudios a los que luego siempre se le daba un barniz ultramercantilista. Este fue el ideario que empezó a impregnar las aulas en los años 2012 a 2016, lo que motivó muchas protestas de los estudiantes porque estaban estudiando una Economía demasiado politizada y que supuraba republicanismo descaradamente. Así, los profesores defendían ideas como que denegar la ayuda social a los pobres contribuía al bienestar general porque la falta de ayudas les estimulaba a competir y trabajar, lo que reducía el paro, y si no lo lograban, la culpa era solo suya. Cualquier punto del programa, inmigración, proteccionismo, etc... era filtrado con la palabra-consigna del "bienestar". Se culpaba al Gobierno de la crisis del 2008, se consideraba que el libre mercado era lo único que traía bienestar.

La autora también reflexiona sobre la hipocresía de estas teorías sobre la superación de uno mismo ya que los fanáticos que más las defendían eran precisamente ricos herederos que habían nacido con una enorme fortuna bajo el brazo. Nadie duda que se pudiesen haber esforzado para escalar puestos en la empresa paterna pero era obvio que nacían con una ventaja inicial. Por tanto, su discurso era poco creíble. Culpar a los pobres de su pobreza era obviar que dichas personas no habían nacido con las mismas oportunidades de educación o sanidad que los ultrarricos y los superricos.

Paradójicamente, Trump, que se negaba a ir a las convenciones de los Koch para no tener que mendigar dinero como otros políticos republicanos, dio con la fórmula mágica para convencer a los votantes. Los Koch se gastaron 13 millones de dólares y su red de donantes otros 1.000 millones de dólares en implantar una ideología ultraconservadora en EE.UU. pero Trump, más intuitivo, comprendió que la clave para ganar las elecciones estaba en el malestar de los obreros del medio Oeste, golpeados por la deslocalización de las fábricas, la supuesta competencia de los inmigrantes con salarios más bajos y la globalización. Aunque heredó la línea de pensamiento de los Koch, interpretó mucho mejor las claves del país, con sus discursos tocó la fibra de los obreros y las clases medias-bajas e hizo creer a los obreros que él era como ellos y que podía sacarlos del bache.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Resumen del libro "Fuego y furia", de Michael Woolf (2018)

Resumen del libro "Fuego y furia", de Michael Woolf (2018)

Resumen original y actualizado:
https://evpitasociologia.blogspot.com/2018/08/fuego-y-furia-de-michael-woolf-2018.html

Resumen elaborado por E.V.Pita, doctor en Comunicación, licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, política internacional, Donald Trump, política exterior de EE.UU., globalización

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Título:  "Fuego y furia"

Subtítulo: "En las entrañas de la Casa Blanca de Trump"

Título original en inglés: "Fire and Fury"

Autor: Michael Wolff

Fecha de publicación en inglés: 2018

Fecha de publicación en español: Grup Editorial 62, Barcelona, 2018 / Ediciones Península / Planeta

Número de páginas: 414

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Biografía oficial del autor Michael Woolf

(Paterson, Estados Unidos, 1953) es periodista y escritor, y ha recibido numerosos premios por su trabajo, incluidos dos National Magazine Awards. Ha publicado artículos en Vanity Fair, New York, The Hollywood Reporter, GQ, USA Today y The Guardian. Es autor de otros seis libros, entre ellos Burn Rate y The Man Who Owns the News. Vive en Manhattan y tiene cuatro hijos.
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Texto de la contraportada

"El libro que Trump no quiere que leas.
Pocos libros pueden presumir de haber puesto en peligro una carrera presidencial. Y solo uno puede decir que ha conseguido que un presidente de Estados Unidos tratara de parar su publicación, reaccionara de forma furibunda en Twitter y provocara, con todo ello, unas ventas de más de un millón de ejemplares en tres días, y que se publique en una treintena de países en todo el mundo. Este es ese libro".

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ÍNDICE

Prólogo: Ailes y Bannon

1. Día de elecciones

2. Torre Trump

3. Día uno

4. Bannon

5. El dúo Jarvanka

6. En casa

7. Rusia

8. Organigrama

9. CPAC

10. Goldman

11. Teléfonos pinchados

12. Derogar y reemplazar

13. Tribulaciones de Bannon

14. Sala de crisis

15. Medios

16. Comey

17. En casa y en el extranjero

18. Bannon ha vuelto

19. Mika... ¿quién?

20. McMaster y Scaramucci

21. Bannon y Scaramucci

22. El general Kelly

Epílogo: Bannon y Trump

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RESUMEN

El libro, basado en testimonios y cotilleos de pasillo, revela el caos reinante en la Casa Blanca de Trump, donde se crean dos bandos: los bannonistas (afines a Bannon, el ideólogo del trumpismo) y los seguidores del dúa Javarka (los familiares de Trump, Ivanka y su marido Jared, así como la fiel secretaria Hope). El autor usa un lenguaje sarcástico e irónico que hace sonreír por el disparatado ambiente que hay en la Casa Blanca de Trump, donde unos intentan disuadirle de sus locuras y otros le siguen la corriente y meten más la pata. El libro se centra en la figura de Bannon, el intrigante fundador del trumpismo, un populismo de extrema derecha, tras este olfatear un gran nicho electoral entre la clase trabajadora blanca arruinada por la globalización, lo que le dio el triunfo a Trump. Bannon, al llegar a la Casa Blanca, se convirtió en la sombra de Trump, dormía allí por si el jefe le llamaba a medianoche, y echó un pulso son la hija y el yerno de Trump por nombrar cargos. El periodista que escribió el libro relata todas las tensiones de forma tan vívida como si él mismo estuviese allí dentro. Para escribir el libro tuvo que contratar a uno de los mejores abogados de EE.UU. en litigios de difamaciones para evitar querellas. Las líneas centrales del libro son cómo lograron una inesperada victoria electoral, el caos creado al aplicar las primeras medidas contra el Obamacare y los inmigrantes, y luego el escándalo de la trama rusa y el fulminante despido del jefe del FBI que iba a investigar a Trump.

Para seguir el hilo al libro hay que analizar primero los personajes de la Casablanca y el círculo del presidente Donald Trump. Ninguno tenía experiencia política ni contactos gubernamentales a los que recurrir y como dice: "nadie del Gobierno de Trump sabía hacer nada, nadie sabía qué hacía cada uno". Este es un resumen de los perfiles que elaboró el autor del libro, Michael Woolf, a lo largo de las páginas de su libro. Hay que tener en cuenta que el autor usa mucho sarcasmo e ironía.

- Donald Trump: empresario inmobiliario y presidente de Estados Unidos. Casado con Melania Trump, de la que está orgulloso como "mujer trofeo". Le gusta tomar helado Häagen-Dazs de vainilla al tiempo que opina alegre y despreocupadamente sobre una serie de temas. Algunos colaboradores lo definen como impredecible, jugador poco serio. Entre sus neurosis, dice el libro, está el horror a la pérdida de memoria y la senilidad. Trump es Trump pero lo entiende. Gente que lo conoce lo califica de rebelde, perturbador, vivía fuera de las reglas y las despreciaba, un tipo sin escrúpulos que solo trataba de ganar sin importar cómo se hiciese. Incluso metía en líos a amigos para que sus mujeres creyesen que les eran infieles. Sus colabodores aseguran que en una hora de conversación con él en una reunión en su despacho, cuenta 50 minutos de historias repetidas una y otra vez, por lo que tienen que plantearle un asunto y repetirlo varias veces. Bannon lo definió como una máquina simple: el interruptor de encendido estaba lleno de halagos, el de apagado, de calumnias. El autor añade que Trump tiene la táctica del vendedor que te llena de halagos y adulaciones. Wolf añade que Trump era como un oráculo de Delfos o un dios Sol que era el centro absoluto de atención y dispensaba favores y delegaba favores que podía invalidar cuando quisiese. No calculaba a largo plazo y vivía el momento. El autor, por conversaciones con otros colaboradores, decía que la persona que lograba influir en Trump era "el último que llegaba". Además, no sopesaba sus respuestas (y repetía todo). Lo califica de "actor mimado, instintivo y con mucho éxito". Según el autor, la premisa de Trump: "Ser famoso es ser querido, o, por lo menos, sirve para que te adulen".

Melania Trump: Modelo eslovaca y tercera esposa de Trump, mujeriego notorio (según el autor). El autor dice que apoyó a su marido en la campaña electoral pero que deseaba que perdiese para seguir viviendo tranquila en la torre Trump. Pasaba días sin verse, ella no sabía dónde estaba él ni de sus negocios. Tienen un hijo en común: Barron. El lema de Trump con sus esposas era: "Vive y deja vivir. Dedícate a tus cosas". A veces habla de sí mismo en tercera persona.

Jared Kushner: De 36 años, consejero político de su suegro y auténtico jefe de campaña o designado por la familia. Pero Trump lo considera un miembro más de su séquito. Obtuvo la cartera internacional de Oriente Próximo. Heredero de una dinastía inmobiliaria judía y yerno de Trump, fue educado en Harvard. Esposo de Ivanka Trump, una hija de la primera mujer de Trump, Ivana. Jared Kushner intenta escorar el programa de Trump hacia una visión más centrista e incluso demócrata, partido al que un año antes era afín, como su hermano Óscar. El autor cuenta que el padre de Jared, Charlie, pasó algún tiempo en una prisión federal por evasión de impuestos, manipulación de testigos y donativos a campañas ilegales. Como prudente yerno, solo habla con su suegro cuando este le habla, ofreciendo siempre una visión tranquila y halagadora, cuenta el autor del libro. Para evitar un conflicto de intereses, Trump tuvo que renunciar a nombrarlo jefe de su gabinete. A nivel privado, los amigos y consejeros le aconsejaron que Trump se "suavizase" para no irritar al Partido Republicano ni a los congresistas, ni a la comunidad de inteligencia. Es cura de los unionistas de Internet.

Jared ganó influencia porque hablaba mucho con Murdoch y compró el semanario New York Observer, un capricho de ricos que no daba beneficios y que narraba la vida de la alta sociedad. El New York Observer se encargó de la cobertura mediática de Trump y creó el mito del millonario desvergonzado, teatral e instructivo. Pero cuando Trump se convirtió en un empresario fracasado, los clichés sobre él ya no hacían tanta gracia y se dejó de informar de él porque resultaba vergonzoso. Kushner, con 25 años, compró el diario en el 2006 y accedió al círculo social de Trump y a su hija Ivanka, con la que se casó en el 2009.

Ivanka Trump: De 35 años, con tres hijos. Hija de Trump y esposa de Jared Kushner tras convertirse al judaísmo ortodoxo. Es, de facto, la primera dama de EE.UU. y le gustaría ser la primera presidenta. Con su marido Jared hacen la moneda o dúo Jarvanka. Habitual del restaurante Four Seasons, donde comen otras celebridades.

Stephen K. Bannonel "loco" Steve: De 63 años. Estratega jefe de Trump, cenaba con él a diario, algo que los demás colaboradores eludían por su pesadez. De clase obrera, hecho a sí mismo, el autor sugiere que se arrimaba a los ricos. Fue teniente en un barco, trabajó como banquero para Goldman Sachs, fundó una asesoría financiera orientada al espectáculo. El autor dice que estaba siempre tramando y decepcionando. Participó en proyectos fallidas como Biosfera 2, y el proyecto virtual de Videojuego de Rol Multijugador Masivo en Línea (MMORPG o MMO) que se llamaba Internet Gaming Entertaiment (IGE). En el 2000, se convirtió en proveedor de libros a los conservadores. Finalmente, los nerds Bob Mercer y su hija (de los fondos Renaissance Technologies) lo ficharon para crear un Tea Party privado, un movimiento político ultraliberal, antiestatista, pro educación privada, antiprogresista, pro patrón oro, pro pena de muerte, antimusulmán, procristiano, monetarista y contrario a los derechos civiles en Estados Unidos. Algunos los tildan de "fanáticos" ideológicos. Bannon tomó el control de Breitbart News (de los Mercer) y usó Gamergate (dedicado a dañar la imagen de las mujeres en Hollywood) para conseguir enorme tráfico a través de memes políticos virales. Bannon se convirtió en el consigliere del movimiento Tea Party. Breitbart trató a Trump como su tótem. Bannon fue el hombre que hizo coherente el discurso de Trump y lo encaminó hacia una idea política concreta: el camino de la victoria radicaba en el mensaje cultural y económico que se dirigiera a los trabajadores blancos de Florida, Ohio, Michigan y Pensilvania. A favor de Bannon, dice el autor, es que, era el único del equipo que se había leído uno o dos libros. La fórmula de Breitbart era noticias inmediatas que horrorizaban tanto a los progresistas como a los conservadores, un conflicto que generaba una cascada de clics de disgusto y aprobación. Su idea que la nueva política no era el arte del compromiso sino el arte del conflicto.

La ambición de Bannon era convertirse en el líder del movimiento Tea Party. Es un empresario metido a organizar campañas y actos para los republicanos y el Tea Party. Sin experiencia política ni en gobierno, verdadero ideólogo detrás del programa de Trump, del que dice que su única virtud política es ser un macho alfa, sacado de Mad Men.  Fue desde el principio, la mano derecha de Trump, al que le sorprendía su discurso lleno de palabrería histórica, insultos, perspectivas de los medios, comentarios derechistas y tópicos motivacionales. Fue el único capaz de ofrecer una visión coherente del populismo trumpista. En su día, fundó Breitbart News. En el glosario de Breitbart se barajaban nociones como el Estado "profundo", la idea de la derecha y de la izquierda de una red de inteligencia permanente y conspiración del Gobierno. Su mensaje caló en el momento adecuado: el mundo necesitaba fronteras o debía regresar a una época en las que la tenía. Cuando Ámerica era grande. Trump entendía la causa populista de los trabajadores. Dentro del programa también estaba trasladar la embajada de Estados Unidos a Jerusalén. Uno de sus fallos era que era desorganizado, centraba su atención en cualquier cosa que atrajera su mente obtusa, parecía incapaz de devolver una llamada telefónica, respondía a los correos con una sola palabra y era controladoramente críptico, según el autor. Nadie lo contrataría para un trabajo que requiriese que los trenes saliesen con puntualidad. Bannon se casó tres veces y llevaba una vida de soltero en Capitol Hill y oficina de Breitbart. Consideraba que Trump jamás cambiaría e intentar hacerlo dañaría su estilo, a los partidarios de Trump no les importaba, a la prensa no les iba a gustar y era mejor jugar contra los medios que para los medios, y era un engaño que los medios fuesen los protectores de la honradez factual y que la revolución de Trump era un ataque a las asunciones convencionales y a los expertos, por lo que Trump era incontrolable porque nunca se iba a ajustar al guión. Aseguraba que Trump no entendía los hechos correctamente ni tampoco iba a admitir que los hubiera entendido mal. Tras ocupar el Ala Oeste de la Casa Blanca, Bannon se distanció de sus compañeros, incluido Jared. Alentó al equipo a leer The Best and the Brightest, de David Halberstam, para comprender a todos los hombres del presidente durante la guerra de Vietnam y que malinterpretaron las claves del conficto y guía o lista de recomendaciones para llegar al poder.

Una vez en la Casa Blanca, Bannon no usaba ordenador. Katie Walsh llegó a decir que "el caos era la estrategia de Steve".

La campaña electoral se apoyó en tres personas: Corey Lewandowski (director de campaña despedido), la portavoz-asistente-interna Hope Hicks, y el propio Trump. La organización de su equipo presidencial fue complicada porque, según el autor, a Trump le costaba entender la importancia de los cargos, por lo que quería que los ocupasen familiares y amigos, y la estructura del gabinete de Washington para soportar la feroz oposición. Si el presidente ya era un "outsider", lo más probable es que se rodee de gente peculiar.

Hope Hicks: eficiente secretaria de 26 años y ayudante de Trump. Este siempre preguntaba por ella: "¿Dónde está Hope?". Fue la auxiliar de relaciones públicas que Ivanka Trump agregó a la campaña electoral, fue la primera en entrar en  el equipo electoral de Trump. Trump despidió a su amante y le dijo a Hope en una reunión: "Tú eras el mejor trasero que él va a tener nunca". Ella se marchó escandalizada.

Corey Lewandowski: ayudante. Fue el primer director de campaña de Trump pero en el 2016 Trump lo despidió por "perdedor". Lo mismo pasó con su segundo director, Paul Manafort.


John Kelly: jefe de gabinete. General retirado.

Reince Priebus: De 45 años, de clase trabajadora. Era un recaudador de fondos. Jefe del Comité Nacional Republicano (CNR), herramienta de la clase dirigente republicana y que no apoyó a Trump. Le ayuda su compañera Katie Walsh y su publicista Sean Spicer. Su fama la logró al aplacar al Tea Party en el 2011 en Wisconsin. Apostó por el candidato Trump cuando casi estaba desahuciado y no lo abandonó por completo. Su cargo como jefe de gabinete fue nominal porque los demás (Bannon, Krushner, Barrack) lo puenteaban para hablar directamente con Trump, quien así seguía siendo el jefe mientras los otros se disputaban su atención. Según el autor, Priebus tenía que organizar reuniones y horarios, contratar a los miembros de la plantilla y supervisar las funciones individuales de los departamentos pero Bannon, Kushner, Conway e Ivanka carecían de responsabilidades específicas, hacían lo que se les ocurría sobre la marcha.

-Kellyanne Conway:  jefa de campaña de Donald Trump. Personalidad central y destacada en el mundo de Trump. Aspiraba a ser una estrella de las noticias por cable. Antes había estado a cargo de una agencia de encuestas de poca importancia. Durante la campaña, también lidió contra la prensa, a la que acusó de verter noticias falsas en montañas de arena, y su derecho a decir "hechos alternativos" o, más concretamente, "información alternativa".

- Sean Spicer: secretario de prensa, profesional serio que se vio obligado a defender a Trump ante los medios, sobre todo cuando Trump dijo que había un millón de personas en su investidura, algo claramente exagerado cuando se vieron las imágenes de televisión. Spicer dijo que a Trump no podías contradecirlo porque él sabía lo que sabía y no creía nada de lo demás. El autor dice que su trabajo consistía en explicar qué hacía la gente y porqué fracasaba a menudo en su labor porque nadie tenía una ocupación de verdad.

Stephen Miller: antiguo ayudante de Jeff Sessions, conservador entregado a la causa, redactaba órdenes ejecutivas y hacía discursos, pero según el autor,  solo hacía enumeraciones esquemáticas y "era incapaz de construir oraciones".

Mika Brzezinski y Joe Scarborough: pareja y presentadores del programa Morning Joe de la MSNBC. Confidentes de Jared y amigos de Trump, se sorprendieron al saber que nadie le había dicho que su primera semana de gobierno fue un desastre.

Roger Ailes: viejo amigo de Trump. Anterior director de Fox News y la figura más importante en los medios de derecha. De 76 años y recién jubilado tras ser acusado de acoso sexual y destituido de la Fox.

Bob Mercer, un patrocinador de Ted Cruz, y su hija Rebekah, recaudaron fondos para Trump. Introdujeron en la campaña electoral a sus tenientes Steve Bannon y Kellyanne Conway.

 -Alexandra Preate: ayudante y lugarteniente de Bannon. Recaudadora de fondos y encargada de las relaciones públicas. Tan desorganizada como Bannon.

Rudy Giuliani: exalcalde de Nueva York, que obtuvo un importante cargo gubernamental.

Chris Christie: gobernador de Nueva Jersey, y exfiscal del mismo estado que mandó a la cárcel al padre del yerno de Trump. Por eso mismo, posiblemente fue descartado como jefe de gabinete.


Anna Coulter: diva de la derecha y partidaria de Trump, le aconsejó que no contratase a sus hijos ni familiares en la Casablanca porque eso no se podía hacer.

Sam Nunberg: explicó la Constitución a Trump cuando era candidato.

Roger Stone: asesor político de Trump durante tiempo.

Mike Flynn: telonero de la campaña y consejero de Seguridad Nacional de Trump. Al parecer, captó 45.000 dólares de los rusos por dar un discurso.

Paul Manafort: cabildero internacional y agente político que participó en la campaña de Trump. Representó durante 30 años, según el autor, a dictadores y déspotas corruptos y cuyo rastro de dinero atrajo la atención. Un oligarca ruso le reclamó 17 millones de una supuesta estafa inmobiliaria.

Rupert Murdoch: multimillonario amigo de Trump, al que considera un charlatán, y accionista que controla Fox News. Presiona a Trump a moderarse y controlarse. Se opuso a que Bannon fuese jefe de gabinete por ser una elección "peligrosa". También se quejó de que Trump aceptase de buena fe buscar una solución para las visas H-1B que le pidieron los empresarios de Silicon Valley porque eso iba contra el enfoque liberal sobre inmigración. Murdoch se quejaba de que Trump lo tenía todo el rato al teléfono.

Tom Barrack: amigo millonario libanés, dueño del rancho Neverland de Michael Jackson, rechazó sumarse al gabinete de Trump para no separar sus empresas de sus intereses. Hombre en la sombra de la Casa Blanca, recaudó dinero para organizar la investidura como presidente de Trump. Murió un año después, tras sufrir una caída en el baño.

Henry Kissinger: de los tiempos de Nixon, aconsejó a Jared Kushner.

James Comey: director del FBI. Once días antes de las elecciones, dijo que iba a reabrir la investigación sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton. Luego, cuando también propuso investigar la trama rusa, Trump lo despidió fulminantemente.

Brennan: Director de la CIA

Fusión GPS: empresa de investigación de la oposición demócrata que destapó la supuesta trama rusa.

Christopher Stele: antiguo espía británico que ayudó a Fusión a investigar las relaciones de Trump con Putin y el Kremlin. En un informe de septiembre del 2016, un mes antes de las elecciones,, sugirió que Trump fue chantajeado por el Gobierno de Putin y avisó a la prensa pero nadie publicó nada aunque la CNN dejó escapar algunos detalles del dosier pero BuzzFeed lo publicó completo. La teoría decía que los rusos sobornaron a Trump en un tosco montaje de chantaje en el que lo grabaron, supuestamente, con prostitutas haciendo la lluvia dorada. La conclusión era que Trump aceptaba sumarse a la conspiración rusa para robar las elecciones e instalarse en la Casa Blanca como marioneta de Putin, siempre según relata Michael Woolf en su libro. Trump lo negó todo y replicó que los medios estaban tan cegados con expulsarlo de la presidencia que se inventaban cualquier calumnia.

Jeff Bezos: dueño de Amazon y del Washington Post.

Stephen Schwarzman: director del grupo Blackstone y amigo de Kushner.



El libro arranca un año antes de las elecciones. Nadie creía que Trump ganaría las elecciones, ni él mismo. Trump fue torpedeado por los medios, los demócratas y el "pantano" de Washington.

Entre su propio partido republicano y en los que apoyaban su candidatura, opinaban que Donald Trump no sería presidente ni debería serlo. Un colaborador dijo que la configuración psíquica de Trump hacía imposible que se evaluase él mismo en profundidad, no era capaz de soportar que alguien pudiese saber tanto sobre él y que tampoco hacía falta examinar el pasado de sus colaboradores ni el conflicto de intereses de sus negocios y sus participaciones inmobiliarias porque tenía nulas posibilidades de ganar. El autor señala que Trump pasó de ser candidato de chiste a encantador de una base demográfica desafecta, a nominado risible y a presidente electo que inmediatamente se creyó inevitable y que ahora quería que los medios de comunicación le mostrasen una deferencia desmesurada.

Durante las elecciones, su propio partido le abandonó a su suerte pero Trump sobrevivió a todo: a la publicación de la grabación con el presentador de la NBC Billy Bush donde hacía comentarios sexistas, el CNR le presionó para que abandonase la carrera. La gente se preguntaba si Trump realmente quería ser presidente o solo obtener ser el hombre más famoso del mundo, ganar en renombre y fama, reforzar su marca y montar una cadena de TV propia. Ya se daba por ganador aunque no ganase las elecciones. Trump decía que su campaña electoral era un desastre y sus colaboradores unos "perdedores" y que todos los que le rodeaban eran idiotas. El propio Bannon calificó de "patética" la campaña e incluso Trump rechazaba invertir dinero en su propia elección aunque luego prestó diez millones con la condición de recupèrar todo. El autor señala que la campaña de Trump no estaba diseñada para ganar nada. Y el propio Trump convenció a su esposa Melania de que no ganaría las elecciones. Pero tras ganar (por tres millones de votos menos que la demócrata Hillary Clinton), Trump parecía haber visto un fantasma y su mujer lloraba desconsolada. Pero en una hora, el Trump estupefacto se convirtió en un hombre que creía que merecía ser presidente y que estaba capacitado para ello. Tras ganar, muchos de los que lo habían desdeñado intentaron comprender su éxito pese a que creían que su cerebro era incapaz de realizar las tareas esenciales de su nuevo trabajo de presidente pues era incapaz de relacionar causa y efecto. Tras ganar las elecciones, Trump quiso pasárselo a todo el mundo por la cara.

La Torre Trump se convirtió, tras las elecciones, en el cuartel general de la Revolución Populista,  una cara sede donde se preparó la transición de la presidencia y no en Washington y la "ciénaga". Uno de las primeras medidas de Trump fue organizar el "paseo de los perpetradores", donde todos los que le iban a visitar aceptaban el gobierno de un advenedizo, según el autor.

El autor señala que Trump y su clan de alguna forma sustentaron sus negocios en el flujo de efectivo internacional y el "dinero gris" y que al ser un foco tan visible en la presidencia, se dieron cuenta del lío en el que se habían metido.

Se centra sobre todo en la figura de Bannon, al que el autor define como un ejecutivo a la busca de millonarios que sufraguen sus proyectos. Tras meterse en política, apostó por una versión ultra del Tea Party, que incluía expulsión de inmigrantes, poner la embajada de EE.UU. en Jerusalem y otras cuestiones que el propio Trump asumió más tarde. Además, Bannon había tenido éxito con el marketing digital. Trump entró en campaña pensando que no iba a ganar pero que le iba a hacer famoso en todo el mundo y, por tanto, generaría un incremento de valor de la marca Trump. Era una buena idea para promocionarse y todo el mundo pensó que estaba acabado tras las declaraciones machistas en una televisión pero no fue así. Ni siquiera las sospechas de que Rusia financió su campaña acabaron con él, entre otras cosas porque no lo creían con capacidad intelectual para montar una conspiración, ni esa ni ninguna, por su completa falta de organización. El autor está convencido de que ni el propio Trump esperaba ganar y que solo cuando ganó asumió que eso era lo "lógico". Cuenta que la esposa del candidato, Melania, era la única que confiaba en que iba a ser presidente pero cuando salió elegido se quedó de piedra al darse cuenta de que su mundo perfecto en la Torre Trump se desmoronaba.

El autor cuenta que otros presidentes, que habían hecho carrera política, se quedaban impresionados al entrar en la Casa Blanca y ser recibidos por un séquito de mayordomos y sirvientes, una corte de asesores y un avión privado. Donald Trump no solo no se quedó impresionado, pues ya tenía su propio séquito de sirvientes, sino que además la Casa Blanca era un caserón con 200 años de antigüedad, un edificio viejo y con cucarachas que palidecía ante el lujo de la Torre Trump. Para el presidente, dejar sus negocios por el despacho oval le salía caro, salvo por la promoción que iba a obtener. 

Michael Woolf se basa en sus fuentes para describir a la Casa Blanca como un lugar gobernado por el "jefe" de un clan familiar y amiguetes de confianza, donde todo lo guisan Trump, su yerno (el marido de Ivanka y, al parecer, el único del clan que lee libros) y Bannon. Describe el palacio presidencial como un completo caos sin un programa meditado y donde todo está improvisado. Añade que Trump está completamente desorientado y un día dice una cosa y al rato otra distinta, y así, sucesivamente. Tuvieron que nombrar asesores oficiales pero estos se vieron "puenteados" por la familia de Trump, por ser ellos los que tenían el monopolio del acceso a Trump. Woolf cuenta que una vez que entrabas a trabajar a la Casa Blanca, la gente hacía apuestas de cuántos meses iba a aguantar, pero pasados unos días, lo reducía a cuántas semanas duraría allí, tal era el caos.

El autor cuenta que el presidente se enfadó porque la prensa ponía imágenes vacías del público que acudió a la toma de posesión. Los cálculas más realistas sitúan la asistencia en 200.000 personas pero Trump se empeñó en que allí había un millón. Otra de las cosas que preocupó fue el discurso de Trump, de tono belicista y totalmente caótico, y que se cree que fue escrito por Bannon y luego Trump añadió cosas de su propia cosecha o las inventó directamente improvisando.

Del tema de las supuestas charlas con los rusos, Trump y los suyos se quedaron estupefactos. El autor está convencido de que no tenían ni idea de lo que estaban hablando en televisión. Pero, según el escritor del libro, luego Trump cayó en la cuenta de que si la prensa tiraba del hilo pòdría llegar a los negocios ocultos del millonario, esos que tendría a nombre de testaferros de compañías del Este. Pero eso, de momento, se ha quedado en el terreno de la especulación. Mientras el tema de los espías rusos le parecía increíble, lo que le inquietó era que llegasen a detectar su telaraña de empresas fantasma y otros entramados, si es que existían.

Sobre el carácter de Trump, se vierten todo tipo de descripciones. La principal es que vive en una realidad paralela, en su propio mundo. Por ejemplo, no sabía que tenía que dejar sus negocios si era presidente, una alto cargo de los republicanos se lo tuvo que comentar en privado en un cóctel. Otra idea es que se mete en la cama con una hamburguesa de McDonalds y mira tres canales de televisión: si algo no le gusta, tuitea un mensaje de queja.

También le señalan que dentro de Nueva York, las grandes fortunas lo consideran un empresario de medio pelo, un nuevo rico, pero él se ve como un gran amigo de Murdoch, el dueño de la prensa. Sin embargo, hasta que fue presidente nadie del círculo más vip lo tomó en serio.

Aseguran que cuando le explicaron la constitución, no entendió más allá de la cuarta página.Y que en los conflictos internacionales, no se entera de nada, según cuenta el autor.

En el libro, se detallan las luchas internas en la Casablanca entre judíos y gentiles, como las definió jocosamente Kissinger (creo). En el grupo judío figuran Kushner, el yerno de Trump, y su esposa (e hija de Trump)  Ivanka, convertida por matrimonio, y que serían el ala "demócrata". En el grupo de los gentiles estarían Bannon y otros, que vendrían a representar los intereses extremistas y el programa del Tea Party. Dichas luchas por el control de la Casablanca salieron a relucir cuando comenzaron los primeros nombramientos, ya que cada grupo se esforzaba por colocar a su candidato y desprestigiar al del grupo rival. Entre los fichajes estaba Priebus, un general independiente que pronto se vio arrinconado por dichas fuerzas.

A los pocos meses, Trump estuvo ocupado con dos temas importantes: el escándalo ruso, que el no veía por ninguna parte, y la supresión del programa sanitario Obamacare. En el tema sanitario, la propuesta de Ryan fue "derogar y reemplazar": derogar el programa, lo que gustaría a los republicanos, y poner otro para satisfacer las promesas que Trump había hecho por su cuenta. Según cuenta el autor en este libro, cuando a Trump le explicaban las tesis republicanas sobre sanidad se despistaba y se ponía a hablar de golf.

Sobre el tema ruso, Bannon intentó convencer a Ailes de que "¿Tan mala es Rusia? Son malos, pero el mundo está lleno de tipos malos". Ailes le replicó: "Pero es bueno saber que los malos son los malos. Donald quizás no lo sepa". Para Bannon, el verdadero enemigo era China, nueva fuente de una guerra fría. Cree que Obama lo malinterpretó todo. Cree que el Estado hipernacionalista chino va a perder los estribos y no se va a poder meter al genio otra vez en la botella. Según le contó Bannon a Ailes, dice el autor del libro, Donald fue a Rusia y creyó que iba a reunirse con Putin pero este no parece interesado. El autor señala que Trump era tan incapaz de atar cabos que aunque no hubiese conspirado personalmente con los rusos para amañar el resultado, sus esfuerzos para conseguir el favor de Putin habían dejado un rastro de palabras y actos preocupantes que tendrían un coste político enorme. Tras conocer el informe Christopher Stele sobre la lluvia dorada, Trump lo negó todo, dijo que mientras China hackeaba 22 millones de cuentas americanas, Rusia era más respetuoso.

En cuanto al tema de la inmigración, el autor señala que Bannon comprendió que el "nativismo" y el etnocentrismo tenía adeptos y además sacaba de quicio a los progresistas, a los que tildaba de hipócritas. Para los "privilegiados" progresistas, opinaba Bannon, la diversidad era un bien absoluto pero él pensaba que cualquier persona que no estuviese cegada podía ver las olas de inmigrantes llegaban con un montón de problemas y que recaían en los ciudadanos más expuestos del otro extremo de la escala económica, como se podía ver en Europa. Esa es la visión que recoge el autor. Y los progresistas se negaban a ver los problemas y dificultades que generaba la inmigración descontrolada. La tesis de Bannon es que los globalizadores progresistas habían extendido el mito de una inmigración libre (a pesar de que Obama había sido muy agresivo en materia de deportación de inmigrantes, dice el autor). Las ideas de Bannon de prohibir la entrada a los musulmanes fue "recortada" por Priebus.

Una de las primeras medidas para gobernar fueron las OE (órdenes ejecutivas) o decretos, lo que iba a generar conflicto. El nuevo Gobierno, cuenta el autor, se complicó la vida al replantear procedimientos ya existentes en términos incendiarios, agresivos y con  argumentos ad hominem. El problema, dice el autor, es que presentaron OE para limitar los viajes (lo que desató una ola de terror en los aeropuertos) sin pasar el visto de abogados y reguladores, ni las agencias responsables de aplicarlas y "Trump firmó lo que le pusieron delante". Los amigos de Trump le llamaron por teléfono para abroncarlo. De esta forma, Bannon trazó una línea entre los EE.UU. progresistas y los EE.UU. de Trump. Sin embargo, esta medida draconiana y esa forma de hacer las cosas preocupó a los nuevos moradores de la Casa Blanca.

En cuanto a su disputa con los medios, Trump sufría desde los años 90 burlas de los medios de Nueva York, por lo que decidió triunfar en Hollywood con su propio reality show: "The Aprrentice".

La  parte final del libro se centra en Bannon en su lucha contra el dúa Jaranka y los errores cometidos en la gestión del escándalo de los espías rusos. Por un lado, saltó a la luz que durante la campaña electoral uno de los hijos del presidente, Don Jr, invitó al despacho principal de la Torre Trump a toda una delegación de supuestos agentes rusos porque estos le dijeron que tenían secretos que implicaban a Hillary Clinton. En la reunión estarían Jared e Ivanka, así como Don Jr, y Trump se libró porque nadie lo mencionó entre los presentes. Al poco tiempo, salieron en Wikileaks publicados los correos comprometedores de Hillary Clinton y que supusieron que el fiscal se pusiese a investigar y que, a la postre, hiciese peligrar su carrera presidencial.
Tras saltar el escándalo, en el era tan cantoso como que la reunión se organizó en la torre Trump, las culpas cayeron sobre Don Jr. El autor del libro señala que tanto él como el otro hermano eran gente sensata que llevaban bien los negocios inmobiliarios del padre pero que cayeron en la novatada. El autor comenta que estaba empezando la carrera electoral y nadie daba nada porque Trump saliese presidente, ni él mismo. Jared y Don pensaron echarse unas risas jugando sucio sin pensar que eso les iba a costar un buen escándalo tiempo después.

El segundo error de esta crisis fue que Trump decidió despedir al director del FBI porque quería investigar la trama rusa y, al parecer, los fiscales también empezaron a interesarse en los negocios familiares de Trump con los rusos, lo que el presidente les prohibió investigar sin mucho éxito. El autor cuenta que Bannon consideró que Jared e Ivanka estaban detrás de la destitución del director del FBI, lo que era ir contra toda la institución, algo de lo que luego el propio presidente se avergonzó. Bannon consideró que Jared e Ivanka habían ido demasiado lejos. Dado que la trama rusa y el despido del jefe del FBI no fue bien llevado por los jefes de prensa, empezaron a despedir a cargos como el del jefe del gabinete, sustituido por el general Kelly. Jared e Ivanka incluso metieron a un jefe de prensa, un yuppie llamado  Scaramucci y apodado El Gorrón, que estuvo mendigando un puesto en la Casa Blanca (para obtener desgravaciones fiscales, sugiere el autor) y que solo duró diez días en el cargo tras sus meteduras de pata, conducta inapropiada para el cargo y su palabrería. Tuvieron que nombrar a un nuevo jefe de gabinete para que echase al Gorrón, ya que el anterior había dimitido en protesta por dicho nombramiento. Bannon creyó que era hora de echar a Jared e Ivanka, algo que también se planteó el general Kelly, pero Trump dio largas.

Una de las quejas de Trump es que tras dimitir un fiscal (del que se habían aprovechado de uno de sus informes para echar al jefe del FBI), el presidente nombró a otro y este continuó con la investigación de la trama rusa. Trump se enfadó porque consideraba que el fiscal había sido un empleado desleal pero le explicaron que el problema no eran las personas, sino las instituciones. Cambiaban las personas pero la maquinaria seguía funcionando.

Otra crisis fue la de Afganistán. Un general pidió refuerzos de 50.000 hombres en ese país pero Trump se negó a mandar a nadie más, tras 16 años en un atolladero. Consideró que bastaba con enviar 5.000, los justos para no perder la guerra.

También hubo otra crisis con Corea del Norte, cuando Trump dijo que si ese país no se atenía a las normas, caería sobre él una tormenta de fuego. También hubo un escándalo cuando un grupo neonazi se manifestó contra el traslado de una estatua del general confederado Lee de Charlotteville y hubo una pelea con contramanifestantes de izquierdas. Un extremista de derechas lanzó su coche contra la multitud y causó un muerto y 20 heridos. Trump dijo que “todos” debían ser pacíficos sin condenar expresamente el racismo y el segregacionismo, razón por la que tuvo que rectificar en un conmovedor discurso en favor de la igualdad racial aunque todos sabían que no se creía nada de lo que decía. La prueba es que poco después volvió a ser el Trump de siempre y echó la culpa también a los manifestantes de izquierdas que habían ido allí a montarla. El autor sugiere que ancestros de Trump pertenecieron a un grupo racista contra los afroamericanos.

Tras estas meteduras de pata, Bannon veía siempre la mano de Jared, Ivanka y la eficiente secretaria Hope, que obedecía todas las órdenes de Trump a rajatabla sin pararle los pies. El autor dice que llegó un momento en que parte del equipo de la Casa Blanca se dio cuenta de que el presidente no estaba bien y algunos hicieron las maletas. Otros cayeron. Finalmente, también cayó Bannon, que tampoco había asistido a las vacaciones de Trump en un club de golf, después de comentar que China era el único problema y que vendrían guerras comerciales, un legado que soportaría la próxima generación. Estas declaraciones le obligaron a marcharse de la Casa Blanca y él volvió a la sede de Bravetbart junto a su secretaria. Su idea era convertirse en líder del populismo trumpista, pero sin Trump, y ser presidente de EE.UU. en el 2020, ya que aún contaba con el apoyo de sus mentores millonarios. El libro concluye con que Bannon cree que la revolución del trumpismo rompió las instituciones y que al extremismo de derecha surgirá otro extremismo de izquierda, lo que romperá aún más las instituciones, lo que creará un gran conflicto. Se trata de una destrucción de las instituciones. Dice que aún no sabemos la que se nos va a venir encima.

lunes, 7 de agosto de 2017

Resumen del libro "Lo único exacto", de Alain Finkielkraut (2015)

Resumen del libro "Lo único exacto",  de Alain Finkielkraut (2015)

Resumen del libro original y actualizado en:

El resumen fue realizado por E.V.Pita, doctor en Comunicación Social y licenciado en Derecho y Sociología

Sociología, filosofía, Europa, Francia, política

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Título: "Lo único exacto"

Título original en francés: "La seule exactitude"

Autor: Alain Finkielkraut

Fecha de publicación en francés: 2015, Editions Stock

Fecha de publicación en español: 2017, Madrid, Alianza Editorial, Anaya

Número de páginas: 319

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Biografía del autor Alain Finkielkraut (hasta el 2017)

Alain Finkielkraut, filósofo y ensayista francés, es profesor de Historia de las Ideas en la Escuela Politécnica de París. En los años setenta también ejerció la docencia en la universidad norteamericana de Berkeley. Es uno de los intelectuales franceses más implicados en los problemas sociales actuales, en denunciar la "barbarie del mundo moderno". Lleva un programa radiofónico en France Culture e interviene muy a menudo en los medios de comunicación de su país. Autor de una obra muy amplia, muchos de sus libros, como En el nombre del otro: reflexiones sobre el antisemitismo que viene o La derrota del pensamiento, han sido traducidos en España. En Alianza Editorial están publicados Y si el amor durara, Un corazón inteligente y La dentidad desdichada. Desde abril del 2014, Alain Finkielkraut es miembro de la Academia Francesa.

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Texto de la contraportada

"Se dice que han vuelto los años treinta. La derecha fundamentalista y facciosa toma las calles, el orden moral sale de las catacumbas, la crisis económica crece buscando un chivo expiatorio y la islamofobia toma el relevo del antisemitismo. Esta analogía histórica pretende esclarecernos, pero nos ciega. El querer leer lo que sale a la luz de lo que ocurrió nos oculta la inquietante actualidad. Mostrar que vivimos un momento crítico e histórico, paradójicamente enmascarado por las referencias incesantes a la Historia; enfrentarnos a este momento crucial en lo que tiene de irreductible para el repertorio de nuestras vicisitudes: ese es el objetivo del libro. Lo que está en juego es tan existencial como intelectual. Si, como escribe François Mauriac, "la prueba nunca vuelve hacia nosotros la imagen que esperamos", nos incumbe ser precisos y mirar de frente a lo inesperado. En una época que tiende a tomarse por otra, la exactitud se convierte en el objetivo principal del pensamiento".

"Alain Finkielkraut, con el rigor que le caracteriza, toma una serie de hechos políticos, sociales, filosóficos, mediáticos..., de los últimos años y, apoyándose en otros pensadores como Hannah Arendt, Albert Camus o Milan Kundera, los analiza y reflexiona buscando entender lo que está pasando, comprender el desequilibrio permanente al que nos empuja el presente.

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ÍNDICE

La prueba del presente

2013

La libertad contra la finitud
Las nuevas misiones de la escuela
La palma del desastre
Viaje por Francia
El adiós de Benedicto XVI
Stéphane Hessel y su librito
Oídos sordos
Los 80 años de Philip Roth en Newark
Nuestra laicidad
¿Es así como viven los hombres?
La discordancia de los tiempos
La moral laica en la escuela
La libertad maltratada por sus propios beneficiarios
La abrogación del mundo real
La urgencia de combates en la retaguardia
¿Qué es la teoría del género?
¿Es reaccionaria Francia?
El desconcierto de la moral
La salida de la religión y de la laicidad
El nuevo frente
La prosa y la pausa
La rebelión de los ángeles
El presente que desconcierta y el pasado que obliga
Las mejores intenciones
El homenaje a Mandela
La casa vacía
Intermerzzo
¿Puede ser uno heideggeriano?

2014

¿Es demasiado tarde?
La regla del tercero
El metapoder
La confusión de las memorias
El réquiem por la indiferencia
"La gran mudanza del mundo"
Los lobos conectados
¡El fascismo no morirá!
La izquierda ya sabe que es mortal
Las salpicaduras de la guerra de Gaza en Francia
La incuriosidad periodística
El crimen perfecto
Si yo fuera François Hollande
El eterno regreso de los años treinta
El equívoco democrático
Las verdades y divagaciones de Éric Zemmour
El anacronismo de los modernos
Memoria judía, memoria polaca
El futuro cruce de los judíos que van con los que vienen
La metamorfosis de Lunel
El precio de la nada
El corazón y la razón
¿Reconocer Palestina?

Enero-junio 2015

El choque
Fractura francesa
Después de Charlie
El atolladero moral de Auschwitz
El espíritu de la penitencia
Lo trágico de la repetición
El nombre que enfada
"El oso y el amante de los jardines"
La buena muerte
Cuando el antirracismo pierde la cabeza
La revocación de la promesa
El "polémico Todd"
Después de la victoria, sigue la lucha

Para concluir

El dreyfusismo intempestivo de Charles Péguy
Grandeza y añagaza de la redención alemana
El final del final de la historia
La noche de Colonia

Epílogo

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RESUMEN

El libro está muy orientado a hechos concretos de actualidad de Francia y sus fantasmas como las dos guerras mundiales, la inmigración, el ascenso electoral de los partidos ultraderechistas, las relaciones con Alemania, pero que, en conjunto, también sirven para el resto de Europa para interpretar los acontecimientos actuales.

El primer capítulo abordan la aprobación en Francia del matrimonio homosexual, como una consecuencia más de la libertad del individuo y la igualdad. El autor señala que en el "matrimonio para todos" se invocó el derecho a la diferencia en nombre de la democracia y ahora nos zambullimos democráticamente en la indiferenciación.  Algunos pesimistas recuerdan que la boda da acceso al derecho a la adopción, a la procreación asistida para las parejas lesbianas, el levantamiento de la prohibición de gestar para otro (las madres de sustitución), lo que daba lugar a hijos con dos padres o dos mamás. El autor no lo ve nada natural y "algo en mí se revela contra esa evicción de la alteridad en la filiación". Una evicción surgida de "un monstruo de la voluntad": el derecho al hijo, el derecho a dar la vida, ahora una libertad individual y no de una obra común entre un hombre y una mujer.
"Al haberse convertido ea creencia secreta que es la tecnociencia en su programa explícito, empieza a manifestarse una oposición; es el rechazo de ver que la libertad se revuelve contra la finitud", dice el autor. En el segundo capítulo, se preocupa de que el Estado esté evangelizando a los jóvenes en un nuevo mundo para convertirlos en la vanguardia de la modernización de las costumbres: no los trata de integrar en una civilización antigua sino de hacer tabla rasa y convertirlos en civilizados.

Luego,  Alain Finkielkraut habla de la película sobre la esclavitud "Django", dirigida por Tarantino, en la que "se congratula maltratando la Historia para vengar a las víctimas". El héroe parece un rapero con los músculos de Rambo y presenta a las plantaciones no como una civilización en decadencia sino como un campo de concentración y las escenas de acción parecen sacadas de un videojuego. Considera que es un ejemplo de "infantilismo" del siglo XXI, burlón, esnob, tontos engreidos con una sonrisita en los labios, con un guiño para dejar ver que no nos engañan. "A modo de realidad solo queda una devastación socarrona", dice  Alain Finkielkraut.

El siguiente caso aborda la globalización y la inmigración y el miedo en Francia a los extranjeros.  Alain Finkielkraut se pregunta si el miedo al otro es un diagnóstico correcto. Periodistas que visitaron "hasbash" en barrios franceses no se siente en su casa, hay desconfianza, se encuentran en un país extraño en su propio país. Es una "reedición" del malestar francés, una recaída del caso Dreyfus y de los años 30: proteccionismo, nacionalismo, todo lo tenemos de nuevo aquí (dice Pierre Rosanvallon en "La sociedad de los iguales"). El autor rechaza esta comparación:" ¿donde estaba el equivalente a los yihadistas o al-Qaeda en los años 30? ¿Había caricaturistas o novelistas amenazados de muerte?". Cree que ahora se tiene miedo a la realidad y solo la comparan desaforadamente para huir de ella.

Otro de los capítulos examina la dimisión del papa Benedicto XVI por razones de salud, un hecho insólito desde 1415. Era un intelectual de casta pero mal actor y pésimo comunicador que ejerció su poder de abdicar. El Papa buscaba la respuesta a las respuestas fundamentales pero criticó el fundamentalismo del Islam que promueve su religión con la espada y, tras un clamor internacional, lo tildaron de "metepatas" pero el autor se pregunta si el metapatas dijo la verdad al no estar preocupado por moderar la susceptibilidad de unos y otros.

En el siguiente capítulo aborda la historia de Stéphane Hessel, el autor del manifiesto "Indignados". El autor de "Lo único exacto",  Alain Finkielkraut (2015), no está de acuerdo con Hessel; la resistencia no es la indignación, es el valor. Dice que Hessel (ya fallecido pero que fue un adolescente hasta su muerte con casi cien años) les ahorra a los jóvenes ese miedo y esas blasfemias: no hay que ser heroico, con la indignación ya basta e inventa el turismo de la indignación: un paseo ético y sin marearse mucho la cabeza. Nos invita a tomar partido por el crucificado, el sin techo, el sin papeles, el sin defensa. El autor también critica a Hessel por cebarse con Israel, como ejemplo del conflicto entre Occidente y el Islam. Recuerda que los palestinos también tienen defectos, que en muchos sitios también se pisotean los derechos humanos y que no se puede comparar la ocupación de los territorios palestinos con la ocupación nazi.

Posteriormente, el autor aborda el aniversario de dos tiroteos en Montauban y Toulouse pero cree que se conmemoraron "haciendo oídos sordos" en un clima tan caldeado que no hay espacio para una reflexión sobre el nuevo antisemitismo. Los políticos consideraron que el discurso político había alcanzado un grado de violencia y estigmación. El autor Finkielkraut vuelve a sacar en el libro a colación el conflicto de Israel. Cita a varios autores que creen que los judíos dejaron de ser la voz crítica de Occidente en el siglo XIX y XX para ser los defensores a ultranza de Occidente sacrificando su ética y conciencia por defender el estado de Israel, motivo por el que surge un nuevo antisemitismo, según la opinión de Finkielkraut. "Ya no es la policía del zar la que fabrica falsedades, es la universidad americana", dice.

Otro capítulo está dedicado a Philip Roth, escritor amigo de Milan Kundera y de Hannah Arendt, de la que dijo que tenía que llevarse bien porque iban a ser enterrados ambos en Bard College. El autor reflexiona luego sobre el comunismo y sus múltiples rostros bajo modos feministas que convierten cada año a Roth en el no-ganador del premio Nobel de Literatura.

En los siguientes capítulos vuelve a abordar el conflicto islamista en Francia, como el despido de una empleada de una guardería que se negó a quitarse el velo y que  Finkielkraut ve como una "derrota para el campo laico". Cree que los defensores del velo no alegan a la tradición sino a los derechos subjetivos, al "I know I what and I want it now". La mayoría de las sociedades democráticas apoyan esa reivindicación y Francia se queda sola. El autor matiza que Francia siempre apostó por la coexistencia de los dos sexos y de la visibilidad femenina y que eso debe poder seguir siendo el hecho de nuestra civilización (pp. 45).

También deja espacio para abordar la corrupción en Francia, con un exministro de Hacienda, Jèrôme Cahuzac, que tenía 600.000 euros en una cuenta en el extranjero. Finkielkraut califica estos hechos de "inapropiados e insoportables". Detrás ve un problema moral: empresarios ricos metidos a políticos que deben parecer virtuosos: "el problema no es la corrupción de los políticos, es la corrupción del sentimiento público que tiende a abandonar lo serio de los asuntos comunes por el sensacionalismo de los asuntos". Y recuerda otros hechos graves: la proliferación de carteristas en el museo del Louvre, un ministro ha enviado refuerzos a un barrio para que los vecinos vayan y vengan con seguridad y una orden que permite dar clases en inglés en Francia. Detrás de la persecución a la corrupción ve un afán de vigilancia y castigar de forma feroz e injusta.

Otros asuntos que aborda son el asesinato de un conductor de una autopista apaleado delante de sus hijos tras verse implicado en un accidente en la autopista cuando iban de vacaciones y que exigió hacer un parte. En el juicio, la familia de los acusados fue protegida. Dice que barbaries como esta no tienen precedentes.

También examina la introducción de una asignatura de moral en las clases de primaria de Francia. El autor coincide con Mara Goyet en que el colegio se ha convertido en brutal y ha fracasado la esperanza libertaria de los años 60 [mayo de 1968]. Dice que el mal no procede siempre de la dominación, un dogma de la crítica social. Dice que los alumnos se convierten en sociólogos de sus propias torpezas: justifican la violencia, la insolencia o la indolencia por racismo, exclusión, precariedad, paro, el ascensor social averiado.

Además examina el caso de un periodista que insultó en el tablón de anuncios del sindicato de la magistratura, lo que abre la cuestión de la libertad de pensamiento y libertad de información en un régimen democrático donde el poder no controla la información pero los portadores de malas noticias ideológicas siguen exponiéndose a duras represalias por sus propios compañeros. Ve que hay cierta precaución por velar por el poderoso y las grandes organizaciones más que defender el derecho positivo de los desfavorecidos: las esposas, los desahuciados, los morosos... Pobre del que diga simplemente la verdad y ose mirar en la mala dirección.

Estudia otro caso violento: 30 heridos en la celebración del PSG del título de campeón de Francia. El autor dice que el culpable de la muerte de la princesa encerrada por su padre no es el padre sino los bandidos que la asesinaron para robarle cuando huía con su enamorado. En ese caso, ocurre lo mismo. Los culpables no son el jefe de policía ni la alcaldesa, sino los vándalos violentos pero se hizo la vista gorda y se permitió a los alborotadores volver tranquilamente a sus barrios. Y señala que el antirracismo integral en el que vivimos no es un ataque contra los abusos específicos del racismo sino contra la realidad. Y añade: "Estamos condenados a batirnos constatemente en dos frentes: contra la abrogación antirracista del mundo real y contra el desencadenamiento racista de los bajos instintos".

Retoma la enseñanza en inglés en las universidades como modo de competir a nivel mundial ante el proceso de uniformización planetaria y anglicanización. El autor cree que es importante que profesores americanos enseñen su lengua inglesa (reservada para cuestiones técnicas) en Francia pero es más urgente velar por el francés empobrecido.

Otro tema que aborda es la introducción de la teoría de género en la ley de orientación escolar en Francia. Señala que los teóricos del género dicen que la diferencia de sexos y sus distintos roles tienen que ver con la cultura. Los postmodernos dicen que todo debe deconstruirse  (formatear) y remodelarse según nuestros deseos. Niñas que juegan al rugby y niños con muñecas. El autor ve una alianza del culturalismo (que describe la multiplicidad del ser) con el tecnicismo (que se hechiza con su plasticidad) permite reducir hasta abolir la parte no elegida de la existencia para que no haya alineación constitutiva. Al reino de las alternativas impuestas debe sucederlo el de las combinaciones libres. "La escuela ha recibido la misión de liquidar la herencia que tenía el encargo de transmitir", concluye Alain Finkielkraut.

También estudia el hecho de que Durao Barroso (UE) calificase de "reaccionarios" a los artistas franceses por querer excluir al sector audiovisual de las negociaciones del tratado trasatlántico y que ve como una campaña de "antimundialización" reaccionaria. Para el progresista Barroso, dice Alain Finkielkraut, la cultura debe disolverse en el mercado mundial sin fronteras pero detrás está la idea de que este mundo ya no se puede llamar "moderno" sino "capitalista", que es su verdadero nombre, y no cabe una dualidad.

Otro tema de interés es el ataque con gas en Guta en Siria y que Obama calificó de "línea roja que se ha cruzado". El autor ve necesaria una respuesta militar cada vez que se trasgreda la prohibición pero mientras los Estados actúan la ciudadanía permanece silenciosa. El autor cita a Pierre Manent, quien sospecha que tras el 11-S, las guerras de Afganistán e Irak, la islamización de las primaveras árabes, y los yihadistas influyendo en la rebelión siria, "nos hemos dado cuenta de que la humanidad está surcada por separaciones mucho más profundas, mucho más intratables de lo que pensamos". Hay levantado un muro entre el mundo árabe-musulmán y el nuestro y la ciudadanía es escéptica.

El tema de la laicidad en los centros escolares vuelve a la palestra. En 1989 fueron expulsadas dos alumnas por llevar velo y comienzan las protestas por la "estigmatización del Islam". En el 2004, una comisión abogó por atajar el problema de la "pérdida de territorio francés" con la prohibición de signos religiosos en la escuela porque el velo es el árbol que oculta el bosque ya que hay un movimiento de alcance muy distinto en los barrios periféricos y cada vez más gente cuestiona las leyes de la República (incluidas las ciencias o las letras o la educación física). El comunitarismo islamista ha abierto una brecha. El autor recuerda que la laicidad es la solución que la Europa moderna ha encontrado para salir de las guerras civiles religiosas pero es una solución que la Europa materialista no sabe respetar y que está más preocupada por un conflicto entre poseedores y desposeídos.

El fascismo del Frente Nacional es otra de las preocupaciones del autor. Dice que nuestra época invoca incesantemente el cambio y niega al mismo tiempo el que está desarrollándose ante sus ojos. Ahora se les llama populistas cuando siguen siendo lo mismo de siempre en busca de presas.

Los levantamientos de campamentos ilegales de "roms" y la obligación de la izquierda de salir en defensa de la justicia es otro tema que aborda el autor, lo mismo que la expulsión de una alumna kosovar junto a su familia. Los reproches tras el tiroteo a los caricaturistas del Charlie y el ataque a la sala Bataclan o la noche de Colonia también le impulsan una reflexión, lo mismo que el cuerpo del niño refugiado sirio Aylan Kurdi en una playa.

Finalmente, el autor concluye citando a Jean-Denis Bredin que, desde el caso Dreyfus en 1899, hay dos mentalidades antagonistas en Francia: "los que hacen del individuo humano la medida de todas las cosas, de la Patria, Familia, Propiedad, Humanidad, Dios y los que plantean y sirven a valores superiores al individuo: Dios, Patria, Estado, Ejército, Partido; los que luchan por la justicia, ideal indefinible de libertad, verdad, generosidad y los que luchan por los prejuicios: orden establecido, organizaciones consagradas, cosas juzgadas..." (página 277). El autor añade que el nazismo arrastró en su apocalipsis el honor de la raza, es decir, la obligación con los muertos. Las naciones democráticas, para estar seguras de volver al mismo camino recto del humanismo de las Luces, le han cedido, sin desenvainar siquiera, su nobleza obliga. No han comprendido que ese abandono es su verdadera victoria, su maleficio próspero.

El autor finaliza diciendo que el final del final de la historia no ha llegado pues hay una lucha contra la islamización de Francia y la dirección del islamismo y la recuperación de los territorios perdidos por la República sin caer en la trampa de una guerra civil. Añade que Occidente no está pagando por sus crímenes coloniales sino que detrás hay un afán universalista del islamismo porque busca la expansión total de su fe (la yihad).